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Diciembre tiene un aroma difícil de describir. Huele a maíz que hierve lentamente, a pan tibio recién salido del horno, a una casa que se limpia con amor para recibir algo nuevo. Huele a gente. A historia. A familia.

Y a algo más: a deseo.

No es un deseo de cosas, ni de listas, ni de la presión envuelta en moños. Es un deseo de conexión. De ser visto. De sanar lo que el año pudo haber roto. En muchos hogares latinos, las fiestas son más que una celebración. Son rituales emocionales, formas de honrar a quienes ya no están y de proteger lo que aún permanece.

La noche del 24 de diciembre, cuando suenan los villancicos y las sillas se multiplican,
ocurre algo que nunca llega a las redes sociales: un perdón silencioso, un abrazo no pedido pero dado, una decisión callada de comenzar otra vez, aunque duela.

Esa es la verdadera comida de la temporada: la emocional. La que se cocina con el alma.
La que se comparte sin explicación. Y luego está el otro festín. En mi familia, como en muchas otras, diciembre sabe a tamales y empanadas. Sabe a trabajo en equipo: hojas de maíz que pasan de mano en mano, a risas, a debates sobre cuánto picante es demasiado, y a historias contadas entre tandas de masa y esperanza. 

Tamales de Fin de Año

(Una receta transmitida en espíritu)

Ingredientes:

  • 2 tazas de harina de maíz (masa harina)
  • 1 ½ tazas de caldo de pollo o de verduras
  • ½ taza de aceite o manteca
  • Sal, comino y ajo al gusto
  • Relleno: pollo o cerdo desmenuzado, aceitunas, pasas, huevo duro
  • Hojas de maíz, remojadas hasta que estén flexibles

Preparación:

  1. Mezcla la harina con el caldo caliente hasta obtener una masa suave y manejable.
  2. Agrega la grasa y los condimentos. Amasa despacio, como si meditaras.
  3. Arma los tamales: extiende la masa sobre cada hoja, coloca un poco de relleno en el centro y envuelve con cuidado, como quien entrega un regalo. 
  4. Cocina al vapor durante una hora aproximadamente. Sirve con presencia. Haz contacto visual. 

Los tamales no son rápidos. Requieren tiempo. Y ese también es parte del mensaje: Cuidar. Compartir. Agradecer. Todo eso lleva tiempo.

Al cerrar el año, no se trata de cuántas metas tachaste, sino de cuántas personas amaste de verdad. ¿A quién regalaste tu tiempo? Si hubo un instante en que simplemente dijiste: “Estoy aquí. Completa. Presente.”

Este diciembre, te deseo lo que no se puede comprar: Rituales que te enraícen. Comidas que te sostengan. Recuerdos que no duelan. Y un nuevo año que te encuentre fiel a ti misma. Porque lo que se cocina con amor nunca nos abandona. Y lo que se celebra desde el alma … perdura.

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Claudia Zamora is an Argentinian author, mental health and wellness coach, and passionate community advocate. Since 2011, she has made Fayetteville, North Carolina, her home, uplifting stories, voices, and initiatives that strengthen and celebrate the Hispanic community.

Claudia Zamora es autora argentina, coach en salud mental y bienestar, y una apasionada defensora de la comunidad. Desde 2011 reside en Fayetteville, Carolina del Norte, donde ha dedicado su voz y su trabajo a visibilizar historias, fortalecer lazos y celebrar la riqueza de la comunidad hispana.