This column first appeared in English in CityView Magazine’s “The Love Issue” February 2026 edition. Read in English.
San Valentín despierta emociones diversas. Para unas personas es un día de celebración, para otras un día que pesa.
Hay quienes llegan desde el duelo, desde la soledad, desde el cansancio de seguir aparentando que todo está bien. Otros llegan en pareja pero con el corazón lleno de preguntas. Y muchos llegan sin saber muy bien qué esperar.
Por eso esta carta no habla de rosas ni de cenas perfectas. Habla del amor real, ese que no necesita escenario para existir. El que se manifiesta en silencios que acompañan, en manos que sostienen, en miradas que entienden sin palabras.
El amor no siempre llega en forma de pareja. A veces se presenta en una amistad que te recoge cuando la vida pesa, en una vecina que cocina para que no te falte un plato caliente, en un compañero que te escucha sin prisa, en un hijo que te abraza para recordar que todavía hay ternura en el mundo, en una comunidad que se une cuando alguien necesita apoyo.
Ese amor también cuenta y ese amor también salva.
Crecimos creyendo que el amor debía encontrarse afuera, en la aprobación, en la elección de alguien más.
Pero existe un amor más íntimo, más honesto, que empieza en el interior. Un amor que no exige máscaras, que no se esconde por miedo, que aprende a cuidarte cuando todo está revuelto. Ese amor te devuelve a vos misma, a vos mismo, con un poco más de paz.
Este San Valentín quiero celebrar todos esos vínculos que rara vez salen en una postal. Los afectos que sostienen sin ruido. Las manos extendidas cuando falta fuerza. Los mensajes que llegan justo a tiempo. El abrazo que calma. La solidaridad que nace entre nosotros y nos recuerda que no caminamos solos.
Y también quiero brindar por la delicadeza de mirarse con menos dureza. Por ese momento en que uno se reconoce digno de cariño, aunque haya cicatrices. Por la suavidad que empieza a crecer cuando aprendemos a tratarnos mejor.
Feliz día, tengas pareja o no, tengas planes o simplemente ganas de respirar hondo.
Porque siempre hay alguien a quien dedicarle amor y ese alguien, muchas veces, también sos vos. Con tu historia. Con tu forma de resistir. Con tu manera silenciosa y luminosa de seguir amando al mundo y a tu comunidad, incluso en los días en que cuesta amarte a vos.

