Cada año, el Cinco de mayo se llena de colores, sombreros, música y platos típicos que cruzan fronteras. Y aunque para muchos es apenas una excusa para celebrar, para quienes llevamos la raíz latina en la sangre, ese día puede significar mucho más.
Porque detrás del ruido hay ritual. Y detrás de la fiesta, memoria.
El Cinco de Mayo conmemora una victoria improbable: la Batalla de Puebla, en la que un ejército mexicano pequeño y mal armado logró resistir la invasión francesa en 1862.
No es la independencia. No es el fin de una guerra. Es algo más simbólico: la afirmación de que sí se puede resistir, incluso cuando todo parece perdido.
Y tal vez por eso nos sigue resonando. Porque en nuestras historias familiares también hay batallas desiguales. Porque muchas veces nos tocó empezar de cero, con poco más que ganas.
Porque sabemos lo que es estar lejos, ser pocos, y aún así sostenernos de pie.
comunitarios, no solo estamos celebrando un hecho histórico. Estamos recordando que todavía estamos aquí. Que no se ha borrado nuestra lengua. Que no se han apagado nuestros ritmos. Que no hemos dejado de ser quienes somos.
Aquí en el condado de Cumberland, donde más del 13% de la población es hispana o latina, según la Oficina del Censo de los Estados Unidos, el Cinco de Mayo se vive con corazón.
No es solo una fecha en el calendario: es una oportunidad para reencontrarnos, compartir nuestras historias y sentirnos orgullosos de todo lo que hemos construido, a pesar de las dificultades.
Este año, organizaciones locales están preparando festivales, danzas folclóricas, ferias comunitarias y encuentros donde lo más importante no es la decoración, sino la conexión. Por ejemplo, Gaston Brewing Taproom organizó una fiesta para el Cinco de Mayo de las 12 hasta las cuatro de la tarde mañana a la dirección 421 Chicago Drive en Fayetteville, atrayendo 25 vendedores, camiones de comida, música y más.
Los niños bailan sones que quizás sus abuelos también bailaron. Las madres cocinan lo que cocinaban en su tierra. Los jóvenes visten los colores que tantas veces se sintieron obligados a ocultar.
Y eso es lo verdaderamente valioso: no lo comercial, sino lo compartido. No el estereotipo, sino el símbolo. No la caricatura, sino la conexión.
Porque cada vez que nos reunimos a celebrar, estamos resistiendo al olvido. Y estamos sembrando algo distinto: una memoria viva, una comunidad orgullosa, un puente entre generaciones.
Así que este 5 de mayo, celebremos. Pero hagámoslo con conciencia. Con gratitud.
Y con la certeza de que cada plato, cada paso de baile, cada palabra en español es una forma de decir: “Aquí seguimos. Y seguimos juntos.”
Claudia Zamora es una autora, entrenadora de salud mental y bienestar and la gerente del Si! Spanish Immersion Institute de El Centro Hispano. Zamora vive en Fayetteville, Carolina del Norte, desde el 2011.

